Algunas parcelas superan el 90% de pérdidas mientras la vendimia avanza con más de 22 millones de kilos recogidos y buenas expectativas de calidad
Las heladas de primavera están pasando factura ahora, en plena vendimia. Algunas parcelas de la Ribera del Duero han llegado al momento de la recogida con pérdidas superiores al 90% de su producción, después de una campaña marcada por el frío, la falta de lluvias y las altas temperaturas.
El daño, sin embargo, no es uniforme. Hay una enorme diferencia entre parcelas dependiendo de su ubicación, altitud, orientación, estado de desarrollo de las cepas cuando llegó el frío y la intensidad de las heladas.
El resultado es una vendimia de fuertes contrastes: mientras algunos viñedos mantienen producciones razonables, en otros apenas queda uva que recoger.
¿Por qué una helada en primavera puede arruinar la cosecha?
La vid soporta bien el frío durante el invierno porque se encuentra en reposo. El problema llega cuando aumentan las temperaturas, las yemas comienzan a abrirse y aparecen los primeros brotes verdes.
Es entonces cuando la planta se vuelve mucho más vulnerable.
Las yemas contienen el crecimiento que dará lugar a los nuevos brotes y, posteriormente, a los racimos. Cuando una helada alcanza esos tejidos jóvenes, el frío puede dañarlos o directamente destruirlos.
Después de una helada fuerte es habitual que los brotes afectados se marchiten y ennegrezcan. Si también resultan dañadas las inflorescencias —las estructuras de las que posteriormente se desarrollarán los racimos—, esa parte de la producción puede perderse.
La cepa puede sobrevivir perfectamente y volver a brotar utilizando otras yemas. El problema es que esos nuevos brotes no necesariamente tendrán el mismo potencial productivo. Es decir: la planta continúa viva, pero puede llegar a la vendimia con muchos menos racimos.
Por eso una helada que dura unas horas durante la primavera puede tener consecuencias que no se comprueban completamente hasta varios meses después, cuando llega el momento de vendimiar.
Abril y mayo dejaron daños importantes
Esta primavera se registraron episodios de heladas que afectaron al viñedo durante abril y mayo.
Las bajas temperaturas provocaron daños especialmente importantes en determinadas parcelas. En algunos casos se perdió una parte muy elevada de los brotes y futuros racimos, lo que explica que ahora haya viñas con mermas superiores al 90%.
A esto se suma otro problema: las heladas no afectan igual a todas las parcelas.
El aire frío tiende a acumularse en determinadas zonas bajas y cada viñedo puede encontrarse además en un momento diferente de desarrollo cuando llega la helada. Una cepa que todavía mantiene sus yemas menos desarrolladas puede soportar mejor el episodio que otra que ya presenta brotes verdes y estructuras reproductivas expuestas.
Por eso puede haber diferencias importantes incluso entre viñedos relativamente próximos.
Sequía y calor después de las heladas
El frío no ha sido el único condicionante de la cosecha de 2026.
Después de un invierno y una primavera lluviosos, la falta de precipitaciones desde mayo y las elevadas temperaturas han añadido presión al viñedo.
El calor también ha influido en el desarrollo de la uva. Las altas temperaturas pueden perjudicar el cuajado, el proceso mediante el cual las flores fecundadas evolucionan hasta convertirse en pequeñas bayas.
Si el cuajado es menor, habrá menos uvas dentro de los racimos y, por tanto, también disminuirá el volumen final de la cosecha.
La combinación de heladas, sequía y temperaturas elevadas explica buena parte de la reducción de producción que se está observando esta campaña.
De 7.000 a 6.300 kilos por hectárea
La menor producción prevista también ha venido acompañada de una decisión importante para esta vendimia.
El rendimiento máximo autorizado para la variedad tempranillo se ha reducido un 10%, pasando de 7.000 a 6.300 kilos de uva por hectárea.
Esto no significa que todas las parcelas vayan a producir 6.300 kilos. Se trata del máximo de producción que puede destinarse a la elaboración de vino amparado por la Denominación de Origen dentro de las condiciones establecidas para esta campaña.
Y precisamente ahí aparece una de las grandes diferencias de este año: mientras unas parcelas podrían acercarse a esos rendimientos, otras afectadas severamente por las heladas se encuentran muy lejos de esas cifras.
Más de 22 millones de kilos ya recogidos
A pesar de las dificultades, la vendimia continúa avanzando en la Ribera del Duero y ya se han recogido más de 22 millones de kilos de uva.
La cifra seguirá aumentando conforme avance la campaña y entren en vendimia nuevas parcelas.
La reducción de cantidad tampoco implica necesariamente una reducción de calidad.
De hecho, el estado sanitario de la uva que está entrando en las bodegas es, en términos generales, bueno. El control de enfermedades y plagas durante la campaña ha permitido que la materia prima llegue en buenas condiciones.
Menos cantidad, pero buenas expectativas de calidad
La vendimia de 2026 deja así dos fotografías muy diferentes.
Por un lado están las parcelas que han sufrido con especial dureza las heladas primaverales y que llegan a septiembre con pérdidas que pueden superar el 90%.
Por otro, la uva que ha conseguido completar correctamente su ciclo presenta buenas condiciones sanitarias y mantiene expectativas positivas desde el punto de vista de la calidad.
Una campaña en la que tener una cepa sana no significa necesariamente tener una cepa cargada de uva.
Las consecuencias de aquellas noches de frío de primavera se ven ahora con claridad entre las filas de viñedo: en algunos puntos de la Ribera, donde deberían encontrarse racimos preparados para entrar en bodega, este año queda muy poco que vendimiar.
